Jesús te busca para salvarte

 

Reflexión dominical – Zaqueo y Jesús

Zaqueo eras tú. Un hombre que, pese a su riqueza y posición, sentía el vacío en el corazón. Buscabas a Jesús, aunque no sabías bien por qué. Tal vez una inquietud, un deseo de cambio, una necesidad profunda de ser mirado con amor verdadero. Jesús pasó por tu ciudad, y tú subiste al árbol. Fue un gesto humilde: querías ver, aun a costa del ridículo. Y Jesús te vio. No como el mundo te ve, sino como realmente eres: necesitado de salvación.

Jesús también ha pasado por tu vida. Y te ha mirado. Te ha llamado por tu nombre. No te pidió cuentas, no te condenó, sino que se invitó a tu casa, a tu corazón. Su presencia desata en ti un cambio: el arrepentimiento nace, no del miedo, sino del amor. Te reconoces pecador, como Zaqueo, y prometes reparar. Ese es el primer paso de la conversión: mirar a Jesús, dejarte mirar, y cambiar.

Así como Zaqueo abrió su casa, tú estás llamado a abrir tu alma. Esa apertura se realiza plenamente en los sacramentos. En el Bautismo, fuiste regenerado, tus pecados perdonados, y recibiste el Espíritu Santo. Pero tu vida, como la de Zaqueo, ha estado marcada por caídas. Por eso Jesús te da el don de la Confesión, y Jesús, a través del sacerdote, te dice: “Tus pecados te son perdonados”.

El perdón no es sólo olvido: es sanación. Jesús no sólo te perdona, te transforma. Y luego te invita a la mesa, como lo hizo con Zaqueo. Esa mesa es hoy la Eucaristía, la Santa Cena donde el mismo Jesús se da a ti como alimento. Él murió por ti, por tus pecados, y resucitó para darte vida eterna. Cada vez que comulgas, recibes a Cristo vivo, que fortalece tu alma y renueva tu compromiso de vivir en gracia.

Zaqueo no volvió a ser el mismo. Tú tampoco estás llamado a seguir igual. El encuentro con Jesús exige una respuesta concreta: dejar atrás la injusticia, reparar, vivir en comunión. El Espíritu Santo que recibiste en tu Bautismo te impulsa a vivir como hijo de Dios. El perdón recibido en la Confesión te limpia. Y la Eucaristía te une a Cristo y a la Iglesia.

Jesús sigue diciendo: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”. Si hoy escuchas su voz, no endurezcas tu corazón. Ábrele la puerta. Él quiere quedarse contigo.

Padre Alejandro Sánchez

Comparte en tus redes sociales:
error: Content is protected !!