
Reflexión dominical
El segundo domingo después de Pentecostés nos presenta un mensaje de llamado, transformación y comunión ordenada, a través de tres textos poderosos.
En Jeremías 18:1-11, Dios se revela como el Alfarero divino. Nos recuerda que la humanidad está en sus manos como el barro. Él puede rehacer, modelar, corregir. No somos obra terminada, sino creación en proceso. Y este proceso exige docilidad y conversión. Cuando la vasija se estropea, el Alfarero no la desecha, la vuelve a formar. Así actúa Dios con su pueblo. Pentecostés no fue un momento aislado, sino el inicio de una obra continua del Espíritu: Dios sigue moldeando su Iglesia.
Luego, en 1 Corintios 14:26-40, Pablo llama a una comunidad viva pero ordenada. La acción del Espíritu no es caos, sino edificación mutua. Todos pueden aportar: himnos, enseñanzas, revelaciones. Pero todo debe hacerse con reverencia, discernimiento y paz, “porque Dios no es Dios de confusión, sino de paz” (v.33). El Espíritu recibido en Pentecostés no anula el orden, lo perfecciona. La verdadera espiritualidad no es espectáculo, sino servicio y comunión.
Finalmente, en Mateo 4:18-25, contemplamos a Jesús llamando a los primeros discípulos. Les dice: “Venid en pos de mí”, y ellos, dejando sus redes, lo siguen. Este llamado es directo, personal, transformador. Jesús no les pide títulos, sino disponibilidad. Del barro del mundo hace apóstoles. Y desde ahí comienza el Reino: con pasos humildes, con sanación, con cercanía a los pobres y los enfermos. No hay cristianismo sin seguimiento, sin dejar redes, sin responder.
- Estos tres textos convergen en un mensaje único:
Dios nos moldea (Jeremías),
nos reúne en comunión (1ª Corintios)
y nos llama a seguirle (Mateo).
Hoy el Señor te dice: «¿Estás dispuesto a dejarte moldear? ¿A vivir en comunidad con orden y caridad? ¿A seguir a Cristo con todo tu corazón?»
No basta con admirar al Alfarero, hay que ponerse en sus manos. No basta con hablar del Reino, hay que vivirlo en comunidad.
Pentecostés continúa. Dios sigue obrando. La misión apenas comienza.
Padre Alejandro Sánchez



