Epifanía de nuestro Señor

Reflexión de Mateo 2:1-12

En el evangelio de Epifanía, se aborda el preciso nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios encarnado, el Emanuel que se manifiesta como el Salvador universal. Reconocido como EL GRAN REY desde antes de nacer, este rey anunciado desde la antigüedad está ahora presente entre los seres humanos.

La humanidad, extraviada en pecados, ha perdido el camino a casa, y los judíos, incluso, no logran ver las señales de salvación. Los gentiles, representados por los sabios del Oriente, guiados por una estrella, reconocen al verdadero rey en Belén. Sin embargo, su erudición no los lleva directamente a Él, ya que esperaban encontrar al niño en Jerusalén, cometiendo un gran error.

La naturaleza pecadora del hombre dificulta comprender la palabra de Dios y reconocer las señales que conducen a la salvación. Muchos, al apartar la vista de la cruz, se desvían por caminos equivocados, sin reconocer a Cristo y entristeciéndose por las circunstancias. La humanidad ha despreciado la encarnación de Jesucristo, cuestionando cómo un rey puede nacer en un pesebre.

La pérdida de vista de la palabra de Dios resulta en errores, pérdida de fe y desconfianza en Dios. La revelación de Jesús en la cruz, al cargar con nuestras dudas y pecados, se pierde al no ver la estrella que guía a Él. Los profetas enfatizaron el arrepentimiento, reconociendo la necesidad de perdón y la luz de Belén que ilumina al reconocer la propia insuficiencia.

La Epifanía revela a los gentiles, a través del Espíritu Santo, la fe y los hace parte del pueblo santo de Dios. La manifestación de la palabra hecha carne se celebra, recordando que Cristo es el gran rey, presente en el pesebre y en el pan y vino. Este regalo se refleja en la adoración de los sabios, ofreciendo oro, incienso y mirra al Salvador.

La estrella de Belén sigue iluminando y revelando a Dios humanado y salvador. La misericordia de Dios guía a mantenerse firmes en la verdadera fe, así como la estrella guió a los Sabios de Oriente hacia Jesucristo. La Epifanía es la manifestación de la palabra encarnada, el Dios que vino a morir para asegurar la salvación eterna.

En conclusión, la misericordia de Dios guía a cada uno hacia la salvación, recordando que a pesar de las dificultades en el camino, Dios acompaña cada paso. La bendición de Dios se manifiesta no solo en despojarse de su gloria, sino también al llamarnos al reino de Cristo, aceptándonos a través del bautismo y ofreciéndonos sus dones de salvación. La gran estrella de Belén se posa sobre todos, iluminando con su resplandor y revelando a Dios salvador y amoroso.

 

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